Historias
El ciclismo urbano produce saberes situados indispensables para construir ciudades más humanas y más justas. Al narrar sus espacios, sus relaciones y sus jornadas, los ciclistas nos revelan dimensiones y posibilidades del espacio público que cuestionan desigualdades y promueven nuevos horizontes de transformación.
Ese fue un punto de quiebre muy importante para mí, porque allí me di cuenta de lo que sí pueden hacer unos pocos locos.
Y sí como que caí en una depresión, como que me preguntaba todo el tiempo pues yo qué hice, ¿no? Fue en ese entonces que empezaron los paseos nocturnos en bici, aquí en Oaxaca.
Algunos pacientes, cuando ven que llego en bicicleta, le preguntan a mi secretaria: ¿y qué la doctora no se puede comprar un coche?
La bici es como una metáfora de cosas mucho más profundas de mi vida. En pocas palabras, me dio un sentido como de radar, de brújula y de norte.
Me he hecho mucho más consciente de que el espacio que tenemos en la ciudad no podemos hacerlo más grande. Tendríamos que tirar casas, oficinas, fábricas, usar terrenos de cultivo, ¿en verdad queremos eso? Abogo por que el espacio que sí tenemos destinado a transitar, se distribuya de mejor manera.
Pero luego está la banda, digamos, de la gente que anda en bici de manera más cotidiana, y con ellos se me hace más fácil la amistad. Yo creo que llevamos la misma visión de la vida, que tenemos puntos en común, con más conciencia ecológica, más conciencia social.
Mi bicicleta es mi emancipación y mi resiliencia. Terapia autónoma que se desenvuelve con mi esfuerzo corporal.
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