Llego con tres toneladas de endorfinas a dar mis clases y no regaño a nadie. Bueno, si se lo merecen pues los regaño, pero hasta la forma de regañar cambia. Y sí, sin duda: pedalear me hace mejor maestra.
En estos tiempos en los que estamos tan aislados, tan encerrados en nuestras casas, tan ensimismados, pedalear es una manera de reconectarnos con la humanidad de los demás, y con la propia.