Project

Cada historia reconstruye sus ciudad.

Archivo comunitario y colaborativo que documenta, preserva y celebra las narrativas sobre ciclismo urbano en México y América Latina.

“Internal strength is an absorption of the external landscape”

(“La fuerza interna es una absorción del paisaje externo”.)

 Terry Tempest Williams

An archive of community narratives is a unique repository of collective knowledge. Its value resides in being linked to the daily experience of individuals and communities: to their language, their feelings, their memory, and their imagination. But at the same time, to a space and geography with which these individuals and communities maintain a relationship of mutual determination. This is not trivial: a community articulating a world through language and experience, giving a narrative meaning to its spaces and its day-to-day life, generating possibilities of understanding, coexistence, and empathy is essential for the construction of a common world.

However, these narratives go unnoticed most of the time. The multiple possibilities of being, living and resisting in a specific place that involve the stories of ordinary people have little or no visibility in the mass media, political propaganda, advertising, or specialized areas of study. When they do turn their eyes to the communities and their stories, they do so within the framework of an agenda or interests with little or no concordance with those of the people in question, whose voice is framed in structures and formats in which it is lost, diluted, or distorted.

The case of an archive of stories about urban cyclists in Mexico clearly demonstrates this discrepancy between the dominant narratives about an emerging citizenry (urban cyclists), and their voice. A few years ago, we began to cycle through different cities in the country, to participate in the group rides and cycling events held by their various organizations, and to talk with several dozen of their members. The stories that have resulted from this effort are not only part of the vast narrative heritage of our streets, but they are also living testimony of the dignity, resilience and vocation for freedom that propels each pedal stroke among deadly cars and chemical clouds. Moreover, these stories treasure an important asset of urban knowledge: different perceptions of time and distance, personal maps of unnoticed geographies, forms of socialization and unique community network, relational practices of consumption, among many others, specific to each story.

The stories that have resulted from this effort are not only part of the vast narrative heritage of our streets and avenues, but they are also living testimony of the dignity, resilience and vocation for freedom that propels each pedal stroke among deadly cars and chemical clouds.

Cuando una ciclista urbana nos dice “yo soy un glóbulo rojo en las venas de la ciudad cuando ando en bici”, es porque su ciudad es un organismo vivo cuya salud está interrelacionada con la de ella; es porque su transitar es parte de un proceso orgánico de cuidado mutuo. Cuando una ciclista urbana nos dice que la bici la hizo ver lo bonita que puede ser una ciudad gastada y abusada por los coches, es porque esa ciudad tiene dimensiones, espacios, estéticas, que se revelan según los instrumentos y las tecnologías con los que nos relacionamos con ella. Cuando una ciclista urbana nos dice que “la bicicleta es una tecnología del amor”, es porque la bici genera en la ciudad hostil dinámicas sociales de protección recíproca y de solidaridad. Cuando un ciclista urbano nos dice que “la bicicleta es un lenguaje”, es porque ha generado formas de comunicación con y en la ciudad que sólo se logran desde la bicicleta. Cuando varios ciclistas urbanos nos dicen que el andar en bici los ayudó a superar cáncer, diabetes, depresión, problemas cardiacos, relaciones tóxicas, o que la bici es su psicóloga, es porque la interacción entre la bici y la ciudad generan espacios de salud, de afirmación y de cultivo de sí.

None of this is the exalted interpretation of a cycling enthusiast (although I am one). Everything has a clear, precise example; concrete anecdotes that show this and expand on it in this archive of stories. It is, therefore, an extraordinary body of collective knowledge for imagining healthier, fairer, friendlier, and more inclusive cities, streets, public spaces, time spent together, and to form a healthier, fairer, friendlier, and inclusive citizenry.

Para imaginarlos, cabe agregar, desde su contexto mismo: en diálogo con su cultura, con sus condiciones estructurales, con sus problemas sistémicos. Esto es fundamental. Muchas veces, para pensar el ciclismo urbano, importamos referentes y experiencias extranjeros — Ámsterdam y Copenhague suelen ser los primeros invocados. No obstante, un componente clave de cualquier discusión sobre una ciudad incluyente, debe ser los variados mundos y sensibilidades contextualizados de sus propios habitantes. En ellos, como queda claro al explorar estas historias, hay imaginación, lenguaje, ideas y sabiduría propios.

Cierto que un ciclista urbano puede o no ser especialista en movilidad o en urbanismo, pero todos son sensores únicos, igualmente valiosos, de sus ciudades, de sus trayectos, y de la vida que discurre en ellos. Así, mientras que un viaje en bici en Ámsterdam o Copenhague es pura normalidad dentro de una espacialidad hegemónica (una ciudad ya concebida para moverse en bici), en Morelia, Oaxaca, Tijuana o Ciudad de México, un viaje en bici es disidencia pura, un acto de muy distintas implicaciones y connotaciones que genera espacialidades alternativas (formas alternativas de habitar el espacio), en franca resistencia a sistemas hegemónicos de dominación y control espacial —concretamente, el “patriarcarro”, como lo llamó en un Twit la Alcaldesa de la Bicicleta de la Ciudad de México, Areli Carreón (@arelibiciteka, 29 Oct. 2020, 9:43).

Las espacialidades alternativas, como explica el geógrafo David Harvey, no surgen necesariamente de un plan consciente o de un proyecto, “sino de lo que la gente hace, siente, y logra articular al buscar un significado a sus vidas cotidianas” (Harvey xvii). La articulación de ese significado es comúnmente una labor narrativa: un evento del lenguaje, de la memoria y de la imaginación. Por ello, en las ciudades mexicanas —en la espacialidad hegemónica del “patriarcarro”—, cada viaje en bici es una saga personal que pide a gritos ser contada, y aquí nos hemos propuesto animar a sus protagonistas a contar la suya. De Tijuana a Mérida, estas historias no sólo articulan significados de vidas individuales, sino también proponen nuevas formas de ser y estar en la ciudad, planos y cartografías alternativos que despiertan esperanzas y promesas de mejores ciudades: más humanas, más relacionales, más limpias, más nuestras

Notas sobre el método

Apasionadas y apasionados de las historias, de la escritura, de la conversación, de la crítica literaria, de la antropología, de la fotografía, de nuestras ciudades, de sus ciclistas y, por supuesto, de andar en bici, no tuvimos más remedio, en cuanto al método, que la ensalada (de todo lo anterior). Así, cada historia es el resultado de un trabajo de campo y de escritura colaborativa que implican:
  • Familiarizarse con cada ciudad en bici. Durante varios días, tomarle el pulso a pedal limpio, hacer distintos recorridos, participar en las rodadas de sus organizaciones ciclistas, documentar todo en notas de campo y fotografías.
  • Entrevistas no estructuradas con los participantes, que normalmente conocemos durante dichos recorridos y rodadas. Estas entrevistas son, más bien, largas conversaciones que en su mayoría despiertan el entusiasmo de una nueva amistad (el ciclismo urbano suele ser relacional y amiguero), y en algunos casos la concretan. Muchas veces, las conversaciones también lo son en un sentido etimológico. El vocablo viene de con versare: dar vueltas con (alguien), pasear en compañía. Si conversar es tanto charlar como pasear, en este proyecto procuramos no hacer distinción y, en la medida de lo posible, salir en bici con los participantes; conocer sus rutas, su ciudad; platicar sus calles con la dialógica cadencia del pedal, o bien “ratoneando” juntos, en franca sobrevivencia, entre los coches, los camiones y sus toxinas.
  • Un proceso de escritura de cada historia consultado, o en franca colaboración, con el participante (dependiendo de sus ganas de involucrarse). Un proceso dialógico, pues, que concluye con el acuerdo de una versión final del relato, normalmente en primera persona, que después agregamos a este archivo.

la bicicleta se vuelve aquí un instrumento de doble exploración: urbana y personal. Esto lo muestra y lo confirma cada una de las historias, cuya elaboración nos permite un acercamiento a nuestras ciudades y a nosotros mismos que nunca hubiéramos imaginado

Yes, we admit that some of us have a previous research agenda—a geocritical analysis of urban cycling in Mexico, in one case, or a gender focus in another. However, as a matter of principle, we committed as much as possible to a participatory method, if not with respect to the project itself, then with respect to each of the stories. A participatory ethnography is defined by the degree of involvement of the participant in the design of the project and by how much it helps their interests or advances their causes, or those of their community. In our case, we seek such relationships on at least two levels: first, at the level of the conversation, letting it flow freely even if it does not touch upon or add to the specific topics that interest us, and second, in the dialogical process of writing. This way each participant can establish their priorities and tone, becoming an agent of their own story. Ultimately, our own research agenda, and the very structure of the archive, adjusts accordingly.

No obstante, algo en lo que sí intentamos influir como investigadores, es en conservar, lo más que se pueda, la oralidad de la conversación en el relato final: sus frases, sus saltos, sus elipsis, su sintaxis, su corporalidad. El conversar una vida y una ciudad en bicicleta, parece estarnos revelando algo interesante: la oralidad se parece al ciclismo urbano. Tiene sus propios meandros, sus recodos, sus atajos, sus vueltas, su espontaneidad, su equilibrio. Esto, en suma, revela una geografía que el mundo mucho más regulado y previamente trazado del coche desconoce. Este mundo del coche, por el contrario, se asemeja más a la normatividad de la escritura, a la rigidez de sus leyes. Parece, pues, que el ciclismo urbano tiene un aliento y una sintaxis parecida a la oralidad y, sobre todo, al diálogo, y eso es parte de lo que exploramos.

Lastly, the bicycle becomes a tool for dual exploration: urban and personal. This is shown and confirmed by each of the stories, whose elaboration allows us an approach to our cities and to ourselves that we could never have imagined. We owe a debt of gratitude to all our participants for this privilege. And, of course, we are equally grateful to all our readers who give yet another form of life to this project.

Diciembre 2020