Llego con tres toneladas de endorfinas a dar mis clases y no regaño a nadie. Bueno, si se lo merecen pues los regaño, pero hasta la forma de regañar cambia. Y sí, sin duda: pedalear me hace mejor maestra.
Y sí como que caí en una depresión, como que me preguntaba todo el tiempo pues yo qué hice, ¿no? Fue en ese entonces que empezaron los paseos nocturnos en bici, aquí en Oaxaca.